Extorsión
A
través de una línea telefónica
Almacén Todo motos
es víctima de varias extorsiones.
Por:
Alejandra Echeverri - Katty Collantín. Medellín. 28/10/13
Eran
las 2:00 de la tarde del jueves 25 de marzo de 2010 cuando Gladys Ríos*[1] una
mujer de 47 años, con 1.58 metros de estatura, cabello corto y rojizo y piel
trigueña, quien se encontraba en su lugar de trabajo –almacén Todo motos de El
Bagre Antioquia- como cajera, recibió una inesperada llamada.
Al
otro lado del teléfono, se escuchaba una voz ronca y gruesa de un hombre que se
hacía llamar “Santiago”, quien imponentemente le exigía una gran cantidad de
dinero, el cual sería utilizado para la
compra de municiones y el sostenimiento
de su grupo al margen de la ley. Ella confundida y asustada le contestó que su
patrona no estaba para cumplir su petición. El hombre ofuscado le dice que la llamará en 10 minutos y que espera
tener una respuesta positiva.
Doña
Gladys desesperada llama a su jefe Lucelys Jiménez*[2] y
le comenta lo sucedido, mientras cada diez minutos se escuchaba repicar el
teléfono. Esta situación se prolongó durante tres días, por lo cual todos los
trabajadores, llenos de angustia, decidieron desconectar la línea telefónica.
Transcurrieron
tan solo dos meses de tranquilidad, cuando repentinamente llegó al almacén un
hombre de aspecto grotesco y piel negra, quien se presentó ante doña Gladis como
“Cristian” un integrante del grupo armado “Los Cuervos”*[3],
el cual intimidándola le decía que si quería evitar problemas, le suministrara
una cuota mensual de $300.000. Esta señora inmediatamente llama a su jefe, la
cual autoriza entregar el dinero.
“Cristian”
cumple con su palabra y todos los 10 de cada mes manda por su cuota a
diferentes miembros de su organización criminal, entre los que se encontraban
hombres y mujeres muy jóvenes. Dicha extorsión duró cuatro meses, ya que
inesperadamente dejaron de ir.
“No quería volver al trabajo, me daba mucho
temor de que en algún momento pudiera pasarme algo a mi o a mis
compañeros”-afirma Gladys como si esto hubiese pasado ayer.
Pasó
un año de serenidad en donde se logró una estabilidad económica que se vio
reflejada en el aumento de ventas y la ampliación del negocio.
Cuando pensaban que todo había acabado, llegó un
hombre aparentemente confiable y de aspecto agradable. Este no dio nombre, solo
dijo que pertenecía a “Los Patrones”*[4],
banda criminal que delinque principalmente en el Nordeste del departamento de
Antioquia. El victimario pedía una contribución de dinero o de mercancía del
local, en el cual se vendían motos y repuestos para estas. Los trabajadores sin
saber que hacer le dijeron que fuera al día siguiente.
Ante
esta situación doña Lucelys, angustiada, avisa a las autoridades competentes
quienes responden a su petición y llegan de inmediato al lugar de los hechos.
La policía, acompañó tanto al local como a sus trabajadores durante varios
días. Según estadísticas de las autoridades, actualmente en Antioquia el 90% de
las extorciones son resueltas eficazmente
por las autoridades.
Semanas
después se enteraron de una noticia que daba un toque de tranquilidad al lugar,
habían matado al extorsionista por intentar salirse de dicho grupo armado. La
muerte se generó en la quebrada Villa a las afueras del municipio. El cuerpo de
este hombre fue encontrado con tres tiros en la cabeza, uno en el corazón, cuatro machetazos en sus extremidades y según
los expertos, con dos días de descomposición.
Paradójicamente,
Lucelys Jiménez, la gerente de Todo motos y primera dama del municipio en ese
entonces, después de ser la víctima, tuvo que colaborar con las honras fúnebres
del extorsionista.
Doña
Gladys con temor de volver a vivir esta experiencia, decidió tomar un nuevo
rumbo y viajar a la ciudad de Bogotá junto con su familia.
Hoy
en día, cuenta esta historia con angustia y miedo a que se vuelva a repetir.
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